La Torre Eifel fue construida como monumento provisorio para la exposición aniversario de la toma de la Bastilla. Para unos, una obra de arte que alude metafóricamente a un cáliz invertido, para otros un símbolo del progreso y un desafío conquistado por la tecnología moderna, un símbolo de los nuevos tiempos macerado en los santuarios de la mercancía del XIX, es decir en las exposiciones universales.
La torre Eifel es un paso adelante muy significativo para la conversión del mundo tecnológico en espectáculo. Las exposiciones universales fueron grandes ferias en las cuales se exhibían productos industriales alternados con objetos exóticos y todo tipo de prodigios tecnológicos. El mundo entero quedaba encerrado dentro de un recinto ferial como testimonio del poder de los grandes imperios coloniales, de la producción mecánica, de la conquista del mundo por parte de la humanidad.
La torre carece de interior, de toda utilidad, carece incluso de un diseño demasiado ajustado, pero sin embargo, inmediatamente inaugurada se convirtió en una máquina de maravillas parecida a los globos y submarinos que Jules Verne no velaba por entonces.