El nuevo barrio debería contar con otro de los programas característicos de la vanguardia, el centro cultural obrero. Se trata en este caso ya de un Palacio Obrero de dimensiones mucho más grande que los clubes.
La estética es propia de la vanguardia de Leningrado, expresionista y en cierto sentido continuadora de la imagen del San Petersburgo clásico. Algunos autores rusos le llaman “constructivismo monumental”.
Se ubica frente por frente al Comedor Industrializado, ambos flanqueando el arco de triunfo de Narva. El edificio de simetría clasicista semeja metafóricamente el puño firme del proletariado.
Influenció a toda la posterior producción de Palacios Obreros en Leningrado y otras ciudades de la URSS. El arquitecto Gegéllo recibió el Gran Prix en París en 1937, por este proyecto.
Texto: Marcel Blanchard
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